Cuando el iPhone pegue el estirón

Si los rumores se confirman, el próximo modelo del celular estrella de Apple tendrá una pantalla más grande, lo que tendrá pros y contras para los usuarios y para su principal rival, Samsung
La pelea entre cuál teléfono inteligente es mejor, el iPhone o el Galaxy S, está plagada de subjetividades. Al comparar su estética, funcionalidad o aplicaciones es el gusto personal del usuario, su historial con las marcas y hasta su corazón los que inclinarán la balanza por uno u otro. Sin embargo, si la objetividad se define como la suma de las subjetividades, entonces hay un sólido argumento a favor del buque insignia de Samsung: una pantalla grande es mejor.

La tendencia de las phablets (teléfonos grandes como tabletas) impuesta por Samsung en 2010 es cada vez más popular. Según la firma de análisis tecnológico Juniper Research, las 20 millones de unidades que se vendieron en 2013 alcanzarán los 120 millones para 2018. Y estos números son para una definición muy austera de phablet, que abarca solo los móviles con 5,6 pulgadas o más. Por ejemplo, el Galaxy S5, el último modelo estrella de Samsung, tiene 5,1 pulgadas y algunos ya lo engloban dentro de la moda de los displays gigantes.

Durante todos estos años, Apple se opuso a sucumbir ante una tendencia que ella no había iniciado. Pero, tal como reconoció en un documento presentado en su más reciente juicio contra Samsung: “Los consumidores quieren lo que no tenemos”.

Por eso, los rumores y el sentido común indican que este año la compañía presentará uno o dos modelos con pantallas grandes dentro de su línea premium de iPhones. Puntualmente se especula que medirán 4,7 y 5,5 pulgadas, y que se lanzarán entre junio y setiembre. Hoy el display del iPhone 5S es de 4 pulgadas.

Riesgos y oportunidades


El primer riesgo de esta estrategia está implícito en la propia movida: salir a imitar a Samsung. Es cierto que nadie tiene la patente del teléfono grande, pero si Apple se presenta como el innovador víctima de plagios, aquí está perdiendo todo derecho moral.

Agrandar el celular implica importantes cambios en el software y hardware. En el caso del sistema operativo, no alcanzará con agrandar los elementos de cada función y aplicación, sino que la compañía deberá repensar gran parte del diseño de iOS.

Pero los cambios serán todavía más drásticos en el caso del hardware, más si se confirma el iPhone de 5,5 pulgadas. Ciertas acciones automáticas como bloquear o desbloquear el celular con una sola mano ya no serán posibles para la mayoría de los usuarios. Por ende, Apple podría decidir, por ejemplo, cambiar de lugar su icónico botón físico de arriba. En Samsung, este mismo está de costado, en el lado opuesto de los del volumen. Imitar esta ubicación sería un argumento más para los surcoreanos en los próximos encuentros en los tribunales, mientras que no hacerlo sería obligar a los usuarios a trancar el teléfono siempre tomándolo con ambas manos.

Cualesquiera sean los cambios que Apple vaya a implementar, en los próximos meses la compañía se pondrá a tiro con un pedido del mercado, quitándole a Samsung su única ventaja comparativa. Mientras tanto, la firma surcoreana nada ha hecho para sacarle la cuota de mercado al iPhone en el lugar donde este es fuerte: los smartphones “pequeños”.

Si bien existen las versiones “mini” de los Galaxy S, el hecho de que lleven sus nombres y líneas de diseño no implica que sean igual de buenos. Las funciones, calidad de las cámaras y velocidad son siempre peores que los verdaderos buques insignia, aunque los precios no acompañen la baja en la calidad.

Samsung creó la moda de las phablets, se hizo fuerte en ella y se descansó en la lentitud de Apple. Pero ahora, con un iPhone grande en camino, perderá su argumento neto a favor y deberá salir a convencer a los usuarios de otras ventajas más dudosas.

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