¿Cuál es tu probabilidad de ser feliz?

Un estudio uruguayo para Chile y Uruguay confirma que las personas más saludables, casadas, con mayores ingresos y estudios terciarios se consideran más satisfechas con su vida. La edad menos feliz son los 48 años
Bután es conocido por medir su riqueza a través de la Felicidad Interior Bruta (FIB), en lugar del Producto Interno Bruto (PIB) que emplea el resto de las naciones. El país asiático tomó esta decisión acorde a su tradición budista, que rechaza el consumismo. No obstante, la idea de que el ingreso y los bienes materiales no son lo único que importa a la hora de medir la felicidad de un país (o de un individuo) cobra cada vez más fuerza entre los economistas.

Desde hace unos años, en Uruguay también se estudia la Economía de la Felicidad, que mide la satisfacción con la vida en relación a diferentes variables como salud, educación, estado civil e ingreso.

Esta semana, un equipo del departamento de Economía de Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Udelar) publicó un trabajo en el que compara la probabilidad de que un individuo sea feliz en Uruguay y Chile, según la variable no económica con más peso, la salud. El estudio, publicado esta semana en la revista Development in Practice, confirma lo que ya se ha comprobado para otros países: que las personas más saludables se consideran más felices, o más satisfechas con sus vidas.

Según explicó la principal autora del trabajo, la economista Mariana Gerstenblüth, el motor del estudio fue comparar la satisfacción de las personas en dos países donde rige el Fondo Nacional de Salud (Fonasa), un sistema que se aplica a todas las personas. Sin embargo, eso implica que “los estándares son más altos” y la salud no tiene tanto peso como en otros países, donde el sistema no es universal, explicó la economista. Es que la lógica es similar a la que opera con el ingreso: cuánto más se tiene, más se quiere.

Por otro lado, el trabajo advierte que no queda claro si la relación entre felicidad y salud es causal o de correlación. Es que, si bien la buena salud está asociada a más altos niveles de felicidad, al mismo tiempo se cumple que las personas más felices son más saludables. En concreto, “el buen estado de salud incrementa entre 13,4 y 17,4 puntos porcentuales la probabilidad de estar satisfecho con la vida”, resume la publicación.

La edad más infeliz


Otro resultado del estudio, que se basa en datos de la Encuesta Latinobarómetro 2007, relaciona felicidad con edad. Según concluye, los individuos son más infelices a los 48,2 años, tal vez porque “en su adultez logran acallar aquellas aspiraciones que no son realizables”, dice la publicación. En otras palabras, las personas parecen “nacer felices, luego esa felicidad va decayendo hasta la edad adulta y luego empieza a crecer nuevamente”, cuando reducen sus aspiraciones, resumió Gerstenblüth.

En tanto, la felicidad es mayor para los casados, los que cuentan con educación terciaria y con mayores ingresos. Son menos felices las mujeres, los desocupados, y los chilenos respecto a los uruguayos, un patrón que suele repetirse en este tipo de estudios.

En definitiva, tal vez el dinero no haga a la felicidad, al menos por sí solo. Estar saludable, en cambio, es el primer escalón para alcanzarla.

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