Criados frente a las pantallas

Una periodista de ciencia y madre se pregunta cuánto tiempo es mucho tiempo de televisión, celular y demás dispositivos para niños y adolescentes, según las recomendaciones de los especialistas y la realidad de la paternidad actual
Como muchos padres saben a esta altura del partido, los expertos dicen que debemos limitar la cantidad de tiempo que nuestros hijos pasan frente a las pantallas o arriesgarnos a criar vagos de sofá socialmente atrofiados.

El año pasado la Academia Americana de Pediatría (AAP) publicó guías actualizadas en las que aconseja cómo niños y adolescentes deben acercarse a las pantallas en general. El organismo estadounidense recomendó que entre los 3 y 18 años no conviene que consuman más de dos horas diarias de entretenimiento de cualquier tipo frente a pantallas. Para los niños menores de 2 años el consejo es aun más extremo: ni un minuto de pantallas. Estas recomendaciones incluyen medios tales como internet en general (lo que engloba también las aplicaciones y sistemas de mensajería), así como televisión, películas y juegos de video.

Como periodista especializada en temas de ciencia, me he preguntado más de una vez cómo la AAP decidió estos límites, que me parecen arbitrarios y simplistas. Como madre que cría a dos hijos de 3 y de 6 años en una casa llena de brillantes pantallas, me pregunto cómo puedo hacer para que se respeten estas guías.

Las recomendaciones


Victor Strasburger, profesor de pediatría de la Universidad de Nuevo México en Albuquerque y uno de los voceros de la AAP, explica que el límite de dos horas se estableció a partir de varios grandes estudios que han investigado durante décadas los hábitos de los niños a la hora de mirar televisión y la relación con su salud. “Pasadas las dos horas por día y cuanto más tiempo pasen frente a una pantalla, mayor será el riesgo de obesidad”, ejemplifica.

Por si esto fuera poco, si exceden las dos horas diarias de pantallas también es más probable que tengan un peor rendimiento escolar y que se incremente su agresividad, agrega Strasburger. “Se da un efecto de desplazamiento. Si pasan siete horas consumiendo contenidos audiovisuales, esas son horas que no invierten paseando al perro, jugando al fútbol o compartiendo con amigos”, explica.

Otros estudios más recientes monitorearon a miles de preescolares y escolares europeos y relacionaron el tiempo que se pasa frente a un televisor, celular o tableta (por mencionar solo algunas de las pantallas) con los problemas familiares y desórdenes del sueño. Todavía no existe suficiente evidencia científica como para determinar si ciertos tipos de pantallas influyen más negativamente que otras en el desarrollo infantil, pero un extenso estudio realizado hace poco tiempo resalta diferencias entre consumo de televisión y de videojuegos. Al contrario de la creencia popular, ver tele durante más de tres horas diarias se vinculó a una mayor prevalencia de mala conducta, mientras que jugar videojuegos no.

Marjorie Hogan, también vocera de la AAP, recomienda que las familias cultiven una “dieta saludable de contenidos audiovisuales”, consumiendo de todo con moderación. “Debe empezar cuando los niños son muy pequeños”, señala.

Las familias tienen que determinar qué tipo de pantallas usarán, así como definir detalles tales como si la televisión debe ser apagada cuando no se usa o durante las comidas. En palabras de Hogan: “Recuerden que una dieta se compone no solo de las opciones que se hacen, sino de la cantidad de programación que se permite”.

Si se trata de adolescentes, el desafío puede ser mayor: el 77% de los jóvenes de entre 12 y 17 años tienen un celular, y el adolescente promedio manda más de 3.300 mensajes de texto por mes, de acuerdo a un estudio publicado en 2011.

“En los adolescentes el tema de la multitarea es enorme”, apunta Megan Moreno, directora del equipo de Medios Sociales e Investigación sobre Salud Adolescente del Instituto de Investigación Infantil de Seattle. El grupo que encabeza ha confirmado en sus estudios que los adolescentes más grandes invierten la mitad de su tiempo en el llamado multi-tasking, con unas cuatro aplicaciones abiertas al mismo tiempo, en la mayoría de los casos. Esto puede sonar a que no es tanto, pero lo es para el cerebro de un adolescente que todavía está en etapa de desarrollo cognitivo y de habilidades sociales.

Una situación muy nueva


El hecho de que muchas de estas formas de consumir contenidos vía pantallas sean tan nuevas hace que se sepa poco acerca de su impacto sobre la salud de los jóvenes, agrega Moreno. Los adolescentes no se quejan de tener dolores de cabeza provocados por “exceso de Facebook”, pero en encuestas realizadas en instituciones educativas ellos mismos han reportado episodios de suba y baja de peso, así como problemas para dormir y de visión como consecuencia del uso de internet.

Entonces, ¿qué tanto pueden aplicarse las recomendaciones de la AAP para estos nuevos medios? “No tenemos esa respuesta aún”, reconoce Moreno y agrega que tal vez podría ser apropiado aumentar el consumo de pantallas hasta a cuatro horas por día para los adolescentes mayores.

En tanto, las preocupaciones tan extendidas de que los niños y jóvenes puedan ver contenido explícito en la web o relacionarse con extraños son exageradas, explican Moreno y Michele Ybarra, directora de investigación del Centro por la Investigación Innovadora sobre Salud Pública de San Clemente, California. La mayoría de los niños usan internet para “extender sus relaciones cara a cara”, dice Ybarra. Cuando se los encuesta, solo del 3% al 6% de los niños y adolescentes de entre 10 y 15 años dicen tener conocimiento de sitios webs violentos o sexualmente explícitos.

Parte de la crianza


En última instancia, lo que se puede ver en las pantallas no es inherentemente bueno o malo, sino simplemente otra faceta de la vida familiar. Los padres deben sentarse a discutir con sus hijos sobre estos temas e intercambiar ideas sobre los contenidos que miran, dicen los expertos. “Pero ya no se necesita aquella gran charla”, apunta Strasburger. “Uno debe tener 75 pequeñas conversaciones mientras miran juntos series como Bones o The Following”.

Para muchos padres que no comenzaron a utilizar el correo electrónico hasta su época universitaria, internet es un recurso similar a una enciclopedia o libreta de direcciones. “Pero para los jóvenes”, advierte Ybarra, “es un lugar, un espacio” para interactuar socialmente, por lo cual los padres “deben comenzar a concebirlo del mismo modo”.

Lentamente me voy haciendo a la idea de que en los años que vendrán me encontraré con mis hijos frente a una pantalla. Solo espero que siempre puedan disfrutar de una balanceada mezcla de juguetes y pantallas, postres y vegetales, en partes iguales.

 


Dieta saludable de pantallas


 

Los expertos sugieren que para un consumo saludable de pantallas se debe desarrollar un plan familiar que tenga en cuenta los siguientes puntos:

-Cumplir de modo estricto reglas consistentes sobre cuánto tiempo se puede consumir medios frente a pantallas.

-Mantener todas las pantallas, incluyendo las que permiten conectarse a internet, fuera del dormitorio de los niños.

-Imponer estrictas restricciones para el uso de aparatos a la hora de comer y cuando los niños se acuestan.

-Mirar y explorar los contenidos que les interesan junto con los niños.

 

Los números


 

Según un reciente estudio citado por la Academia Americana de Pediatría, un niño estadounidense promedio de entre 8 y 10 años pasa cerca de ocho horas por día consumiendo distintos tipos de entretenimiento. Por su parte, niños mayores y adolescentes invierten unas 11 horas diarias. Esa misma investigación detalla que los chicos que tienen una televisión en su cuarto superan estos números. A su vez, 75% de los chicos de entre 12 y 17 años tienen sus propios teléfonos celulares.



 

Kendal Powell / The Washington Post-Bloomberg

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