Cómo vivir el duelo por un celular roto

Las etapas cuando el teléfono se quiebra son las mismas que al perder una persona
El celular se desprende de la mano y empieza a viajar rumbo al suelo, con su inevitable desenlace. Son unas fracciones de segundo que se viven en cámara lenta, con la desesperación y resignación de quien sabe que ya nada se puede hacer. Entonces, uno toma el teléfono solo para verificar que la pantalla se ha roto y que el aparato no enciende. Lo que viene después son las cinco etapas del duelo de Kûbler-Ross, según un artículo del diario inglés The Guardian.

Negación


Es la sensación de que, la próxima vez que salga del bolsillo, el celular estará como nuevo. Esta etapa se caracteriza generalmente por probar métodos para hacer que la rotura desaparezca, como el reinicio del dispositivo, la limpieza interna, la extracción de la tarjeta SIM, de la batería y cualquier otra parte desmontable.

Enojo


Cuando se cae en la cuenta de que el teléfono está roto, el enojo aparece. Es un enojo de cómo una situación tan tonta o evitable causó la pérdida del aparato. Es también el enojo por ver otras personas poner en riesgo sus dispositivos sin que nada les suceda.

Regateo


Luego, llega la calma. Y en esta tranquilidad resurgen los intentos para que el teléfono reviva: ponerlo a cargar un rato, cambiar el SIM por el de otra persona, preguntarle a otros si conocen alguna solución.

Depresión


Después de un regateo sin éxito, viene la depresión. No la cínica, sino esa sensación de que, si no se puede mantener un teléfono fuera del peligro, a pesar de todos los esfuerzos (la carcasa, el film protector), ya nada puede estar seguro. Además, aparece la impotencia de la pérdida de toda posibilidad de contacto virtual con otros.

Aceptación


Se trata de aceptar que el dispositivo puede ser arreglado, que se puede vivir sin un celular sin convertirse en un Neandertal. Es asumir que hay alternativas a su uso, como leer un libro o preguntar a otras personas sobre cosas que generalmente se consultarían con el móvil.

La dependencia del celular, en definitiva, causa esto: que al perderlo se pase por el mismo proceso de duelo que atravesamos por una persona.

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