Cómo será el futuro de los drones

Las mejoras tecnológicas auguran usos más completos para las aeronaves no tripuladas
La que una vez fue una pequeña comunidad de aficionados a los drones se ha transformado en un fenómeno en todo el mundo. En 2016, las mejoras tecnológicas y la claridad regulatoria allanaron el camino para cambios aún más dramáticos en los próximos años.

Los departamentos de ingeniería de las universidades han estado diseñándo y construyéndo estos dispositivos desde hace décadas. Los estudiantes de ingeniería, como los de la Universidad de California, han estudiado los algoritmos de control avanzado que permiten que vuelen recto y al mismo nivel. En buena parte gracias a su trabajo es que los drones están disponibles para la venta en las tiendas de juguetes.

En los últimos años, sin embargo, los departamentos de ingeniería se centraron menos en la construcción de la aeronave y más en la mejora de la seguridad y la navegación.

Por ejemplo, investigadores están desarrollando sistemas de navegación que no dependen de los satélites GPS. Esto podría ayudar a que los drones naveguen de forma autónoma dentro de los edificios, en lugares de gran profundidad, bajo tierra o en otros lugares donde las señales GPS no estén disponibles o sean poco fiables. Ya sea el envío paquetes a lugares remotos o el manejo de tareas de emergencia en condiciones peligrosas, este tipo de capacidad podría ampliar significativamente su utilidad.

Otro grupo de investigación está trabajando en detectar fugas de gas de oleoductos con drones. Con millones de kilómetros de tuberías, es una tarea monumental. La colocación de sensores de detección de metano en los drones podría hacerla mucho más fácil: de esta manera sobrevolarían las rutas de cada tubería casi constantemente, registrando la ubicación y el volumen de fugas para así alertar a los equipos de reparación y limpieza.

Lo que se espera

El uso masivo de drones se ha dado sobre todo en los campos, para la investigación agrícola y ambiental. Esto sugiere que esas áreas podrían proporcionar oportunidades de trabajo para los grupos de aficionados.

Algunos estudiosos ya encontraron muchas maneras en que estos dispositivos pueden reemplazar a los aviones tripulados, como en el caso de las naves de dispersión de plaguicidas, frente a los que podrían reducir el tiempo, los costes y proporcionar operaciones más seguras. Pero el factor más importante ha sido la facilidad de los drones para recoger datos que eran extremadamente difíciles, o incluso imposibles, de recoger de otra forma.

Por ejemplo, los equipados con cámaras térmicas especiales le permiten a los investigadores estudiar las tasas de consumo de agua de diversas variedades de cultivos en el Delta de Sacramento-San Joaquín. La recopilación de datos de los aviones no tripulados es tan detallada que los estudiosos pueden contar individualmente cada melón que crece, lo que permite una mejor estimación del rendimiento de los cultivos. Cuando los agricultores saben de forma mucho más precisa qué tan grande será la cosecha, pueden tomar mejores decisiones.

Los drones también están demostrando su utilidad en el monitoreo de la cartografía de áreas costeras en alta resolución. Antes los investigadores debían caminar a lo largo de la costa y tomaban fotografías, lo cual era difícil de hacer sin molestar a la fauna silvestre. Ahora son capaces de recoger datos más frecuentemente, con mayor detalle y hacer un mejor trabajo de mapeo y análisis de datos ambientales.

Por ejemplo, para el seguimiento de las sequoias gigantes se tendría que asignar un equipo de cinco a siete personas en el área, e incluso así llevaría alrededor de una semana hacerlo. Un avión no tripulado sustituyó ese trabajo con un vuelo de dos minutos. Eso hace que sea más fácil hacer un seguimiento de cómo los árboles están creciendo y respondiendo a los cambios en su entorno.


Fuente: Brandon Stark / The Conversation

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