¿Cómo pueden ver los arqueólogos lo que hay bajo tierra?

Varias técnicas fueron decisivas para encontrar el asentamiento más grande que Stonehenge

La imagen más popular de un arqueólogo es la de un profesional que pasa la mayor parte de su tiempo excavando sitios (cuando no se piensa en Indiana Jones). Aunque la excavación sigue siendo uno de los principales métodos de investigación, los arqueólogos utilizan una amplia variedad de técnicas que son más rápidas y menos caras. Por ejemplo, las fotos aéreas de un campo de cultivo pueden revelar detalles ocultos porque las plantaciones crecen de manera diferente si hay restos de muros enterrados. ¿Pero cómo pueden ver los arqueólogos lo que hay bajo tierra?

Kris Lockyear, de la Universidad Colegio de Londres, repasó en un artículo publicado en The Conversation cuáles son las cuatro técnicas geofísicas que permiten ver lo que está oculto: gradiometría magnética, de resistencia de la tierra, radar de penetración terrestre (GPR) y de la susceptibilidad magnética. Cada técnica mide algún aspecto de la tierra debajo de la superficie; al tomar muchas lecturas en una cuadrícula, se puede conseguir información sobre el sitio arqueológico sin tener que desenterrar nada.

Gracias a la alta precisión de la tecnología de GPS, que proporciona coordenadas exactas para espacios de 10 milímetros, los arqueólogos pueden construir modelos de grandes paisajes; en otras palabras, un subsuelo virtual. Esto fue lo que permitió descubrir recientemente un asentamiento cinco veces más grande que Stonehenge en un área cercana conocida como Durrington Walls. Los investigadores encontraron unas 90 piedras enterradas, algunas de las cuales aún estaban en pie y medían hasta cuatro metros de altura.

"Llevaban milenios ocultas, pero los arqueólogos pudieron detectarlas gracias a la más moderna tecnología, sin tener que excavar", señalaron al presentar el hallazgo. El monumento neolítico, del que se cree que fue erigido hace aproximadamente 3.500 años, pudo en su tiempo superar los 3 kilómetros de largo.

Mediante las técnicas de teledetección (detección a distancia) y estudios geofísicos, que incluyeron el uso de un GPR, un magnetómetro y un escáner láser de 3D, se han descubierto 17 monumentos rituales de la época en que Stonehenge adquirió su forma característica.

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Técnicas

La gradiometría magnética mide las variaciones locales del campo magnético de la Tierra. Hay dos fuentes de magnetismo de interés para los arqueólogos: la magnetización termo-remanente y la susceptibilidad magnética. En el primer caso, los materiales débilmente magnéticos que han sido sometidos a un intenso calor debido a la influencia del campo magnético de la Tierra son fácilmente detectados una vez que se enfrían; por ejemplo, los hornos de cerámica.

Por la prueba de susceptibilidad magnética, los arqueólogos pueden medir la respuesta magnética de una determinada zona. Los pozos o zanjas contienen sueles "magnéticamente mejorados" (por baja temperatura, fermentación orgánica u otros procesos) y son detectables con un magnetómetro.

La técnica de la resistencia de tierra mide las variaciones de agua presentes en el suelo a través de corriente eléctrica. Paredes sólidas o adoquines tienen, por lo general, un bajo contenido de humedad y, por lo tanto, alta resistencia. Los pozos, en cambio, tienen baja resistencia.

El radar de penetración terrestre funciona mediante la transmisión de un pulso de radio de muy alta frecuencia. Al medir el tiempo que tarda el pulso en reflejarse en las diferentes capas del suelo, es posible determinar si hay paredes u otros materiales.

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