Cómo armar tu propia computadora con US$ 25

Una pequeña placa que nació con intenciones didácticas se ha convertido en un fenómeno de mercado que permite conectar múltiples dispositivos en pocos pasos


Si no podés ver el interactivo, ingresar aquí

 

Cabe en la palma de la mano, pero tiene el mismo poder que una computadora de hace cinco años. A simple vista, esta placa del tamaño de una tarjeta de crédito no da pistas sobre su potencial: permite desde realizar tareas simples como procesar texto, video y audio, hasta mover robots y volver inteligentes a los hogares.

Se trata de Raspberry Pi, una minicomputadora desarrollada por la fundación británica homónima que nació como una idea en 2006 y se materializó en febrero de 2012. Desde su salida al mercado comenzó a venderse como pan caliente tech entre los usuarios de todo el mundo, hasta que esta semana la fundación anunció con orgullo el hito: habían vendido la Raspberry número 2 millones.

En pocas palabras, es una computadora en miniatura. En términos más técnicos, es una single board computer (SBC) o computadora de una sola placa, que cuenta con diversas entradas para conectar diferentes piezas de hardware (ver interactivo). Por ejemplo, un puerto HDMI permite conectar un monitor o televisor, y en los puertos USB es posible enchufar un teclado y un mouse. A eso se le suma una tarjeta SD con la que se le instala el software, conexión a internet y listo: he aquí una computadora. En definitiva, la placa funciona como la torre de una PC de escritorio común. Pero el gran diferencial –tanto con las desktops como con otras placas similares– está en el bolsillo. Es que las Raspberry cuestan solo US$ 25 (el modelo A) y US$ 35 (el B). Es decir, que se puede tener una computadora con poco más de $ 500, menos de lo que suele costar una cena para dos, tres entradas de cine, una prenda de ropa, o igual a lo que puede costar un pendrive, por ejemplo.

Claro, en el caso de que se la quiera emplear como una PC convencional, la Raspberry obliga a tener un monitor, un teclado y un mouse. También una tarjeta SD con sistema operativo basado en Linux. Además, es necesario que quien la arme tenga al menos conocimientos básicos de programación y computación. Es que, sin estos, un usuario común no podrá entender muchas de las tantas guías y tutoriales que hay en la web respecto a la Raspbery y a los múltiples proyectos que existen en torno a ella.

En la palma de la mano


Crear una computadora moderna, fácil de usar, pero, por sobre todas las cosas, barata fue la consigna para los cofundadores de Raspberry. Pero el objetivo final era crear una herramienta que acercara a la computación a los más jóvenes. Según contó al New York Times Eben Upton, uno de los fundadores y miembro de la Universidad de Cambridge en Inglaterra, los estudiantes de ciencias de la computación no llegan a las aulas preparados para recibir educación de alta tecnología.

Por eso hay quienes comparan estas placas con las XO de One Laptop per Child (OLPC), que también buscan acercar a los niños a la computación y están pensadas para países emergentes. Sin embargo, el mismo Upton dijo que el de OLPC es un proyecto más ambicioso, que como tal debió, por ejemplo, incluir una batería para lugares con poco acceso a electricidad, así como una pantalla duradera para que los niños la manipulen. En tanto, la Raspberry es una pieza muy simple: “No tiene partes movibles, ni display, ni siquiera una carcasa; solo una placa de circuitos con algunos componentes”.

Además, los cofundadores no anticiparon “el otro mercado de adultos técnicamente competentes que querían usar la Raspberry”, los aficionados, contó Upton, quien se sintió “impresionado” por el impacto de la placa.

Y no es de extrañar. Raspberry tiene todas las ventajas de un computadora de placa reducida, pero con un precio tanto más atractivo. Por US$ 25 un usuario puede tener una computadora de bajo consumo, que aprovecha todos los estándares de la computación actual, desde el hardware al software. Incluso el sistema operativo que usa es un entorno familiar para el usuario.

A partir de allí, la voluntad y la creatividad hace el resto. En la web abundan los documentos que describen las mil y una funciones que puede adoptar una Raspberry (ver recuadro).

Un mundo abierto


En la misma línea del Phoneblock y Proyecto Ara de Motorola, que buscan sacar al mercado un smartphone que se arme con bloques, el Raspberry intenta llevar el concepto de open source del software al terreno del hardware. Así, son esenciales los usuarios activos que colaboren para generar conocimiento. Por eso el Raspberry ingresa a la categoría de productos “hazlo tú mismo”.

Por ejemplo, el analista de sistemas Farid Elías, quien trabaja en Globant Uruguay como software designer, configuró a la Raspberry una conexión remota (puede usarla sin teclado, mouse y display) y la usa como un servidor multimedia. “Cuando quiero escuchar música siempre tengo que tener la PC prendida. Lo mismo para ver videos desde la TV o la tableta. Esto implica tener prendida una computadora que consume 700 watts para una tarea muy básica”, explicó Elías, que halló una solución: usa la Raspberry con un cargador de celular y la deja funcionando las 24 horas, “sin los ruidos de la PC y gastando muchísimo menos”.

Elías compró la Raspberry en 2012, apenas salió al mercado, aunque le llegó varios meses después. En total, pagó solo US$ 60, contando los gastos de envío. Ese mismo año, otros uruguayos comenzaron a comprar la nueva placa. Al día de hoy hay más de 22 Raspberry en todo el país, según Rastrack, donde los nuevos usuarios pueden registrarse.

Entre ellos se encuentran el ingeniero en computación Rafael Sisto y Andrés Aguirre, ingeniero, docente y responsable del proyecto de robótica Butiá, de Facultad de Ingeniería de Udelar. Ambos compraron no tanto por las posibilidades sino por el precio.

Según contó Aguirre, en la facultad se trabaja con unas placas muy similares a las Raspberry, como las Beagel o Fox board, que “existen hace años”. Es que esta tecnología no es novedad en sí misma, salvo por el precio tan accesible. De hecho, cuando no se podía “ni pensar” en estas placas, Aguirre y sus colegas encontraban la solución al modificar routers domésticos –que alguien ya había hecho correr con Linux– y usar los puertos para conectar otras cosas, contó. “Ya en 2008, con US$ 60 hacíamos una Raspberry”, dijo el ingeniero, quien considera que hay “mucho marketing” alrededor de esta nueva placa.

“Pegó muy bien porque había mucha gente que usaba placas similares pero que eran muy caras”, dijo. Por ejemplo, para un curso de robótica que se dicta en facultad, usaban una que cuesta unos US$ 215. Para robótica, el Raspberry no es la placa ideal.

Aun con este tipo de limitaciones, el precio de la Rasberry Pi sigue siendo una puerta de entrada a un mundo de posibilidades, incluso de aquellas que todavía escapan a la imaginación.

 


Cinco usos para Raspberry Pi


 

Robótica. En el ámbito de la robótica, este tipo de placas se emplean sobre todo para conectar diferentes sensores a un robot, con el fin de que este interactúe con el ambiente. Por ejemplo, es posible conectarles desde cámaras hasta GPS, además de dotar al robot de conexión a internet.

Domótica. En el marco de los sistemas para automatizar una casa, puede usarse para atender la puerta de forma remota, por ejemplo. Hay que conectar sensores a la placa y descargar al celular o la PC algún programa gratuito disponible para que se envíe un SMS cuando alguien toca el timbre.

Media center. La Raspberry Pi también puede emplearse como un media center para procesar videos, por ejemplo. Se la conecta a un disco duro externo con películas y videos, y a su vez a una TV o monitor. También se le enchufa un teclado para controlar lo que se está reproduciendo.

Reproductor de música. Proyectos como Raspyfi, entre otros, convierten a Raspberry Pi en un reproductor de sonido, desde emisoras de radio online hasta música proveniente de un dispositivo de almacenamiento USB o por streaming desde Spotify, Last.fm o Soundcloud, por ejemplo.

Servidor. Con Raspberry Pi también puede crearse un servidor de archivos al que acceder desde cualquier parte, con solo tener conexión a internet. El proyecto ArkOS, por ejemplo, convierte a esta minicomputadora en un servidor no solo de archivos sino de webs y mails.

Dónde encontrarlas. Estas placas de computación reducidas son desarrolladas en Reino Unido por la Fundación Raspberry Pi. Están disponibles en dos modelos: A (US$ 25, 256 MB de memoria RAM) y B (US$ 35, 512 MB). Se pueden comprar a través de Premier Farnell y RS Components.


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