Casillas al tope, tiempo ganado

¿Será posible mantenerse al margen del uso compulsivo de la computadora y del smartphone? Cromo aceptó el desafío y probó dos días sin conexión

Se tarda, en promedio, 64 segundos en recuperar la concentración tras ser interrumpido al recibir un email, y 76 segundos en leer y comprender cada mensaje, estimó un informe de la universidad inglesa de Loghborough. Si hubiera leído los 215 mensajes que llegaron a mis casillas durante las dos jornadas que duró el experimento de estar sin celular, sin chat y sin redes sociales, hubiese perdido 501 minutos en esa tarea. Esto representa más de ocho horas, bastante más de lo que duermo. Si bien nadie lee todo lo que le cae en la bandeja de entrada ni tiene una respuesta para todo, la cifra resulta abrumadora.


¿Y si sumamos cuánto tiempo hubiese perdido en charlas por WhatsApp y viendo posteos mayormente inútiles en Facebook? Al estar desconectada, evité leer y responder 56 mensajes en WhatsApp y 14 notificaciones en la red social, lo que hubiese incrementado mi exposición frente a las pantallas. Ni hablemos de los tuits. Solo en horario laboral se aglomeraron 4.831 mensajes sin leer. Pero, aunque no me considero una adicta, a las 8.55 del primer día le hubiese mandado un mensaje por WhatsApp a mi marido –con quien acordé la noche previa al experimento la cena del día siguiente, algo que solemos definir por mensaje– para contarle que se habían inundado dos apartamentos del edificio. Si hubiese sido el nuestro, lo hubiese llamado por el teléfono fijo.


Una solución productiva


Estudios muestran que el chequeo permanente del email puede afectar tanto la productividad de un trabajador como su salud mental. Según una investigación realizada a principios de diciembre por la Universidad de Columbia Británica, revisar el correo electrónico todo el tiempo contribuye de manera significativa al estrés. Lo contrario mejora la calidad del sueño, la interacción social e, incluso, aclara el “sentido de la vida”.


Se tarda, en promedio, 64 segundos en recuperar la concentración tras ser interrumpido al recibir un email, y 76 segundos en leer y comprender cada mensaje.


Por supuesto que no descubrí el sentido del universo ni creo que se logre con abandonar el correo electrónico. Pero puedo decir que evité escribir 13 mails con solo hacer dos acciones analógicas: hablar por el teléfono fijo y caminar entre 10 y 30 pasos para transmitir el mensaje; y fue algo divertido. Además, muchos consejos respecto al manejo del tiempo en la oficina piden dedicarle a la casilla unos pocos minutos por la mañana o por la tarde. Así lo hice y, la verdad, resultó productivo.


Media hora ganada


Los usuarios estadounidenses pasan, en promedio, 40 minutos de su día frente al muro de Facebook, el doble de lo mínimo que exigen los médicos de ejercicio físico. Esto no satisface la sed de Facebook y su CEO, Mark Zuckerberg, ya ha dicho que busca aumentar el tiempo que los mantiene enganchados.


Según una aplicación desarrollada por la revista Time que calcula el tiempo que se pasa en Facebook, yo pierdo 17 minutos diarios; así que gané un poco más de media hora. La herramienta también computa cuánto se “gastó” desde que creó la cuenta. En mi caso, el uso de Facebook se concentraría en 31 días, 13 horas y 57 minutos. No me cayó simpático.


Los usuarios estadounidenses pasan, en promedio, 40 minutos de su día frente al muro de Facebook, el doble de lo mínimo que exigen los médicos de ejercicio físico.


¿Y qué me perdí al estar desconectada durante dos días? Nada interesante: a una amiga le regalaron una sandwichera (y subió foto de su cena), otra amiga cocinó una torta de chocolate, otra decidió hacerse un brushing progresivo y otra actualizó su insomnio en redes cada una hora. Los resultados me hacen plantearme la permanencia en Facebook.


No hay consenso respecto a si las redes sociales incrementan el estrés del usuario. Recientemente se publicó un informe del centro de investigaciones Pew y la Universidad Rutgers que concluyó que el estrés se vincula al “costo de la compasión” al ver los problemas que sufren amigos y familiares. “No hay evidencia en nuestros datos de que los usuarios de redes sociales se estresen más o menos dependiendo de su uso de las tecnologías digitales”, dijo Keith Hampton, coautor del estudio. No obstante, otros estudios han explicado que existe un fenómeno psicológico por el que se busca tener más “me gusta”, lo que denota un problema de ansiedad, y eso hace que la persona use compulsivamente cualquier red social.


En mi caso, no estar pendiente de Facebook durante dos días no me generó estrés (aunque tampoco me genera usarlo); quizá sí algo de aburrimiento, sobre todo en el ómnibus. Pero reemplacé esa actividad por leer unas cuantas páginas de un libro que tenía abandonado y en constatar algo llamativo: de las 34 personas que viajaban conmigo, 12 no despegaron la vista de su celular. Yo hubiese sido la decimotercera.


¿Qué pasó con el chat? Tuve cuatro recriminaciones por mi supuesta indiferencia. También tuve cinco llamadas perdidas y algún mensaje de texto. Nada grave. Quizá el verdadero estrés lo ocasiona la obligación social de estar siempre disponible. Mi principal temor era que le pasara algo a mi hija y no pudieran comunicarse conmigo, pero recordé que, aun sin celular, sin Facebook y sin chat todos somos ubicables en este mundo.


 



Desintoxicación digital


 


Si estás tratando de recuperar tu vida de las garras codiciosas de Facebook, Twitter y tu smartphone, estos consejos te ayudarán a cumplir tus metas.


No lleves el teléfono a la cama: te expone a una frecuencia específica de luz azul que altera la hormona de la melatonina, lo que retrasa el sueño. También perjudica tus relaciones.


Cerrá el correo electrónico: El trabajador promedio pasa hasta 13 horas a la semana chequeando el correo. Divide tu atención, te retrasa en el trabajo y te estresa.


Olvidate de los números de Facebook: Si obsesivamente lo estás actualizando, tu problema podría no ser tanto la sed inherente de ver cada nuevo dato que publican tus amigos en las redes sociales, sino básicamente de ansiedad.


Dejá de lado la tableta y leé un libro impreso: En agosto, un estudio de un laboratorio en Gran Bretaña encontró que las personas recordaban mejor las cosas cuando las leían en un libro físico.


Controlá el tiempo que pasás en línea: La adicción a internet es un problema real de comportamiento, similar en algunos aspectos a la ludopatía, según las investigaciones al respecto.




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