Así son los 17.000 objetos que te pueden caer en la cabeza

El programa Space Surveillance Tracking permite localizar y supervisar los desechos peligrosos

Publicado por Expansión

La mayoría son rusos y americanos, pero también hay chinos y chatarra de algún satélite español. El programa Space Survillance Tracking (SST), en el que participa Elecnor, permite localizar y supervisar los desechos peligrosos y alertar a los operadores de satélites.

Los objetos espaciales que han caído recientemente en Murcia y otras zona de España han puesto de manifiesto la abundancia de "basura" que existe dando vueltas alrededor de la Tierra. Aunque parezca una anécdota, esa basura espacial no solo es una amenaza real para la seguridad de las personas. También es un problema económico de enormes dimensiones.

Un estudio de la NASA, y de la Agencia Espacial Europea, afirma que en la actualidad hay unos 17.000 objetos catalogados de más de 10 centímetros de longitud dando vueltas alrededor de nuestro planeta. De todos ellos se hace un seguimiento, explica Miguel Belló, director gerente de Elecnor Deimos, la filial de satélites del grupo español Elecnor. "Esos son los objetos que se pueden ver", afirma Belló, "Pero además, hay otros cientos de miles de objetos más pequeños". Se calcula que pueden existir entre medio millón y un millón objetos flotando en distintas órbitas alrededor del Planeta.

El destornillador flotante

La mayoría de esa basura espacial es chatarra que se ha originado por el choque de satélites en desuso o como consecuencia de explosiones de cohetes en órbita, o restos de cohetes propulsores. También hay satélites completos que siguen dando vueltas décadas después de dejar de dar servicio. E incluso, "hay un destornillador que una vez se le cayó a un astronauta en una misión espacial", dice Belló. "Lo tenemos localizado", explica el director de Elecnor Deimos. Esta compañía participa en el programa Space Survillance Tracking (SST), dirigido a ofrecer servicios de vigilancia y seguimiento del espacio que permitan localizar y supervisar los desechos peligrosos y alertar a los operadores de satélites sobre los riesgos de colisión. Y también, a las administraciones públicas sobre las llamadas re-entradas no controladas en la atmósfera y su caída en la Tierra.

Aunque es muy difícil que esos objetos caigan encima de las personas, no es imposible. "Puede ocurrir", dice Belló. Afortunadamente, más del 90% de los objetos que caen, se queman en su roce con la atmósfera, recuerda Belló, Además, tres cuartas partes de la Tierra son mares o están deshabitadas, con lo que las probabilidades de que la basura espacial sea una amenaza para la población disminuye. Independientemente de si caen encima de las personas, siempre está el riesgo de que contengan componentes nucleares contaminantes y mantengan radioactividad. Ese, posiblemente, es el mayor peligro.

Elecnor elabora una lista cada semana con los objetos que pueden caer del cielo. A través de cálculos matemáticos muy complejos, puede llegar a precisar sus órbitas de bajada a la Tierra y averiguar con relativa precisión donde pueden caer si no se desintegran antes. "No es fácil, porque hay que tener en cuenta que los objetos se desplazan a unos 25.000 kilómetros por hora". Elecnor, que cuenta con instalaciones de seguimiento de satélites en Puertollano (Ciudad Real), también tiene instalaciones para visualizar objetos en el espacio, a modo de telescopios, en la localidad cercana de Almodóvar del Campo.

Como en Gravity

Precisamente la velocidad es lo que hace más peligrosa a la basura espacial. La película Gravity, protagonizada por Sandra Bullock y George Cloony, lo recoge perfectamente. Un objeto diminuto, del tamaño de una uña, puede perforar, a 25.000 kilómetros por hora, el traje de un astronauta o cualquier nuevo satélite que se lance al espacio.

Objetos volantes sí identificados

Pero, ¿de quién son esos objetos? ¿Cómo han llegado ahí? ¿Dónde están exactamente? De los 17.000 objetos volantes que sí están identificados, 6.000 son de factura rusa, otros 6.000 son americanos y, recientemente ha empezado a proliferar la basura china, con 2.500 piezas, en gran parte procedentes de una única explosión de un artefacto que hizo el Gobierno chino hace dos años a 800 kilómetros de altura a modo de exhibición, para demostrar que contaba con tecnología aeroespacial avanzada. Aunque la basura española no abunda, este país también tiene alguna pieza orbitando en el espacio a la deriva. En concreto, los restos del Intasat, el primer satélite artificial español, lanzado el 15 de noviembre de 1974.

El basurero de la Tierra

En estos momentos, el 99% de los objetos que están orbitando la Tierra "no vale para nada", dice Belló, que es un gran divulgador de la tecnología espacial. El problema es que el espacio se ha convertido en una especie de gigantesco basurero porque cuidarlo cuesta mucho. Un ejemplo es lo que ocurre con los satélites en desuso. Los propietarios podrían quitarlos del espacio haciéndoles bajar a órbitas más cercanas a la Tierra hasta que esta les atrae y terminan cayendo y destruyéndose en la atmósfera, en una operación controlada. Pero para hacerlos bajar hay que maniobrarlos y para eso se necesita una gran cantidad extra de combustible. La empresa propietaria prefiere usar ese combustible para que el satélite siga operativo unos meses más, en lugar de usarlo para proceder a su destrucción.

Un cementerio a 300 kilómetros del suelo

Una solución sería hacer bajar los satélites progresivamente hasta lo que se ha venido a denominar la órbita cementerio. Se trata de una órbita que se sitúa a unos 300 kilómetros de la Tierra y que, en principio, los organismos internacionales han reconocido exclusivo para depositar deshechos. El problema es que, aunque se han hecho esfuerzos por lograr un consenso internacional, cada país tiene unas reglas distintas en cuanto a qué hacer con los residuos espaciales. Algunos obligan a llevar allí los satélites una vez acabada su vida útil. Otros no.