Así se inventaron las pirámides mayas

Un estudio arqueológico en la ciudad de Ceibal, en Guatemala, cuestiona que los olmecas fueran la “cultura madre” de los pueblos de Mesoamérica y apunta que otros pueblos del sureste de México influenciaron a los mayas
Según el mito, los mayas fueron creados por dios a partir del maíz, pero, para los científicos, averiguar el origen real de esta cultura que dominó partes de México, Honduras, Guatemala y otros países es mucho más complicado. Una de las mayores preguntas sin responder es cómo este pueblo desarrolló su cultura y religión, centradas en las vistosas pirámides rituales que aún se levantan en las antiguas ciudades de Tikal o Palenque. Ahora, un nuevo estudio realizado en el yacimiento maya de Ceibal, en Guatemala, ha encontrado nuevos datos que cuestionan las teorías vigentes y que aporta su propia explicación de por qué y cómo los mayas construyeron sus pirámides.

La aparición de la cultura maya, con sus ritos, sacrificios humanos y divinidades es aún un misterio. Algunos científicos mantienen que este pueblo heredó gran parte de su identidad de los olmecas, un pueblo que se asentó en la costa este de México y que habría sido la cultura madre de la que después surgieron el resto de civilizaciones mesoamericanas y sus poderosas ciudades-estado. Otros aseguran que la civilización maya surgió de forma espontánea, sin que hubiera contacto alguno con otros pueblos.

Durante los últimos siete años, el investigador Takeshi Inomata de la Universidad de Arizona ha estado buscando respuestas al origen maya en la antigua ciudad de Ceibal. Aquí, el investigador busca los restos de las primeras pirámides mayas, así como las estructuras anteriores que podrían explicar cómo evolucionaron estas construcciones hasta sus ejemplos más representativos. El equipo de Inomata ha realizado dataciones de carbono en las plazas y plataformas de Ceibal y los datos, publicados el jueves en Science, indican que los primeros restos se remontan al año 1.000 antes de Cristo, una fecha más temprana de lo que se pensaba. El dato es clave, pues significa que los mayas ya estaban construyendo estructuras rituales 200 años antes que los olmecas de la ciudad de La Venta, el supuesto centro neurálgico de influencia cultural.
Al final lo más importante del estudio es mostrar que las civilizaciones no emergen como un solo bloque, sino de la interacción de diferentes grupos”, dice el investigador Takeshi Inomata de la Universidad de Arizona

El estudio de Inomata, al que Science ha dado su portada, cuestiona las dos teorías vigentes sobre el origen maya. Por un lado, muestran que Ceibal surgió justo en un momento de vacío olmeca: 200 años antes que La Venta y unos 300 o 400 años después del declive de San Lorenzo, el otro gran centro olmeca, según explica Inomata. Por otro lado, el investigador no cree que los mayas desarrollasen por sí solos su cultura, sino que tuvieron influencia de varios pueblos que habitaban en lo que hoy es el Estado de Chiapas y la costa del Pacífico de México. De hecho, algunos yacimientos como el de Chiapa de Corzo muestran estructuras rituales similares a las plataformas y pirámides halladas en Ceibal ¿Qué nombre tenían esos otros pueblos? En realidad no importa, según Inomata.

“Debemos dejar de mirar a los mayas como una entidad individual”, señala el experto. “Los olmecas no se llamaban olmecas a sí mismos y lo mismo sucedía con los mayas de aquellos tiempos”, añade. En realidad, dice Inomata, los importante es que aquellos pueblos interactuaron unos con otros hasta formar con el tiempo una cultura y una nueva forma de sociedad.

Dominados por el rey y la religión


En Ceibal se observan los primeros pasos de ese desarrollo cultural. Las construcciones más antiguas, de en torno al 1.000 antes de Cristo, eran plataformas de apenas dos metros de alto y cuatro de ancho. Una rampa hecha de piedra caliza daba acceso a la parte superior. Unos 200 años después, según las dataciones de Inomata, esa misma plataforma ya tenía hasta cinco metros de alto y una estructura piramidal.

La aparición de las pirámides fue fruto de un cambio cultural y social. Los mayas se volvieron sedentarios y, “de forma drástica, comenzaron a construir zonas ceremoniales”, explica Inomata. “Todo el pueblo participaba en la construcción de las plataformas y los rituales”, señala. Sobre las plataformas “pudieron realizarse sacrificios humanos” y ofrendas de valiosas hachas de jade que el equipo de Inomata ha desenterrado en Ceibal. La zona ritual estaba compuesta por una gran explanada o plaza donde se congregaba la gente y una plataforma que después se convertiría en pirámide. Es un “patrón arquitectónico” que, desde entonces, se repitió en las ciudades mayas y que llevaba asociado “una forma establecida de hacer rituales religiosos”, apunta el experto.

Lo que comenzó en Ceibal como acto “comunal” de rituales dirigidos por un sacerdote fue dando paso a una sociedad estamental, controlada por una élite que dominaban el rey y los altos sacerdotes, que pasaron a ser los únicos a los que se permitía el acceso a las pirámides, explica Inomata. Esa organización fue una forma de mantener “el orden social” a medida de que las comunidades se hacían más y más grandes hasta la aparición de los mayas como una “civilización”, reflexiona el investigador.

“Al final lo más importante del estudio es mostrar que las civilizaciones no emergen como un solo bloque, sino de la interacción de diferentes grupos”, concluye Inomata.

 


Los olmecas y las hachas de jade


 

“Hace unas temporadas”, comenta Pepa Iglesias Ponce de León, experta del Grupo de Investigación sobre Arqueología, Historia y Etnología Maya de la Universidad Complutense de Madrid, “Inomata encontró ofrendas de hachas de piedra verde de gran interés por la relación que establecía con las encontradas anteriormente en zona olmeca. “A partir de ello hay arqueólogos que vieron la posible constatación de que los olmecas tuvieron algo que ver en la fundación de la ciudad de Ceibal”, añade. Pero las nuevas dataciones indican que la ciudad ya existía 200 años antes del auge de los olmecas en La Venta. Ahora, dice la experta, “los hallazgos de Inomata ayudan a poner en cuestión la primera idea y a sopesar con datos recientes en la mano que las conexiones regionales fueron fundamentales para el intercambio de rasgos culturales, tanto arquitectónicos como ideológicos”.


Comentarios