Adolescentes online, padres incautos

Los mecanismos clásicos para controlar a los jóvenes no se aplican a las redes sociales, donde los peligros son los mismos que en el mundo físico. O peores. Los adultos deben educar acerca de estos riesgos, pero, ¿cómo?
Antes parecía suficiente con revisar la mochila y abrir algún cajón, advertir sobre no hablar con extraños y enseñar a decir no a las drogas. También era sencillo cuidarlos haciendo de taxi en sus primeras salidas con amigos y saber con quién hablaban, porque esas llamadas se hacían a través del teléfono fijo de la casa. En el mundo de las redes sociales esos mecanismos de control no son viables y los padres de adolescentes han comenzado a notarlo: los mecanismos de control clásico no solo cambiaron, sino que ya no existen.

Aunque las dinámicas sociales y de grupo son las mismas, el escenario virtual en las que se desarrollan cambia por completo las reglas de juego. Y los padres han aceptado (o deberían hacerlo) que no es posible ser Gran Padre o Gran Madre en internet.

Es entonces es cuando se dan cuenta de que no saben muy bien qué hacer al respecto.

El primer paso es conocer cuáles son los riesgos. Un padre que crea que su hijo está más seguro sentado frente a la computadora que en la calle, se equivoca, explicó la psicóloga Lorena Estefanell. Para la también directora del Departamento de Psicología Clínica de la Universidad Católica del Uruguay y consultora internacional, una de las características propias de las redes sociales es el factor de “no controlar”: ya no es posible vigilar los mundos a los que el chico accede, “mundos que antes estaban vetados y controlados hasta que estuviera preparado” para acceder, dijo.
“La mejor manera de controlar es educar”,  dijo la psicóloga Lorena Estefanell

Por eso advirtió que lo primero a considerar es que el adolescente en las redes se expone a “riesgos que no sabe cómo manejar”, como el ciberbullying o acoso de menores por internet, la extorsión y la eventual presencia de pedófilos.

Pero también están los peligros comunes a todos en la red, explicaron desde la Dirección de Seguridad de la Información de la Agencia para el Desarrollo del Gobierno de Gestión Electrónica y la Sociedad de la Información y del Conocimiento (Agesic). Entre estos peligros se encuentran el de recibir ataques de ingeniería social (“que alguien se gane la confianza del usuario para inducirlo a realizar una acción que no haría”) o que alguien “secuestre” la cuenta para propagar un mensaje o imagen que desacredite al usuario real. “Se debe estar seguro de que el otro interlocutor es quien dice ser”, ya que la información puede caer en manos de un atacante y usada en su beneficio, añadieron desde Agesic.

Convivir con el riesgo


El problema es que ni siquiera los padres suelen están preparados para los riesgos virtuales. De hecho, deberían saber que el hecho de que sus hijos estén en las redes sociales es igual a que estén “en una plaza pública a las 12 de la noche”, y que incluso en ese lugar existen más controles que en internet, explicó Estefanell.

Además, no hay que olvidar que los adolescentes de hoy pertenecen a la generación de nativos digitales, es decir, con mejor manejo de las tecnologías que el adulto promedio y, por ende, capaces de sortear los populares sistemas de control parental. Pueden ser capaces de vedar a sus padres el acceso a sus redes y mantenerlos alejados de su actividad online. Por eso “no basta con tener una cuenta de Facebook” para sentir que se controla a un hijo en la web, afirmó Estefanell. Según contó la psicóloga, hay chicos que incluso se crean dos perfiles en esa red social: uno para sus padres y otro para sus pares.

En este sentido, un estudio reciente del Pew Research Project reveló que los adolescentes están migrando desde Facebook hacia otras redes como Twitter, Instagram y Tumblr, justamente porque en ellas encuentran menor presencia de padres, entre otras razones.

Porque ni siquiera los adultos terminan de entender que en internet nadie es dueño de su propia información, la tarea de los padres pasa más por educar que por controlar. De hecho, “los mecanismos de control van más por la disciplina y por tratar de formar al chico para que se maneje con esos riesgos, que controlar esos riesgos”, dijo Estefanell. La clave para tener un mayor control es, aunque suene a paradoja, saber que no se tiene el control. Hay que hablarlo, decirles que no sientan miedo de contarles si algo les pasa, explicó la profesional.

El psicólogo y asesor en Educación para Plan Ceibal, Roberto Balaguer, coincidió en la necesidad de “hacer de Facebook un tema”. Y no solo de esa red, sino de todas en general, especialmente porque la desconexión no es una opción en tiempos en que gran parte de la vida social de los chicos transcurre en este tipo de plataformas.

“Si no está en las redes se está perdiendo la mitad de la conversación y ningún padre quiere privar a sus hijos de eso”, explicó el experto. No obstante, añadió que es necesario ser conscientes de que esta generación (y todas, en general), deja permanentemente un “rastro digital que los va a acompañar de por vida”.

Por eso es fundamental no dejar que los hijos sean “náufragos digitales”, en palabras de Balaguer, que aclaró que ya no se trata de invadir la intimidad o de respeto, sino de mantener una “distancia óptima”. “No quiero decir comentarle todo en Facebook ni poner ‘Me gusta’ en todo lo que el chico hace, sino hacerlo tema de conversación para que no parezca que todo pasa en un universo paralelo”.

Cuando se va de las manos


Un comentario meloso de los padres es lo que menos debería preocupar a los chicos. Para ambos psicólogos, el más común de los peligros de las redes sociales en adolescentes es el ciberbullying.

En los últimos meses, noticias de jóvenes que vieron en el suicidio la única forma de acabar con la pesadilla del hostigamiento por internet sirvió para renovar la alarma. Una de las más sonadas fue la de Amanda Todd, una quinceañera canadiense que durante años sufrió el chantaje de un hombre al que había mostrado sus senos por videochat. En setiembre, Todd publicó un video en YouTube explicando su historia antes de quitarse la vida y encendió el debate sobre la necesidad de penalizar el acoso online.
Este generación está dejando un rastro digital que los va a acompañar de por vida”, dijo el psicólogo Roberto Balaguer

En Uruguay estos casos no suelen darse a conocer, lo que no quiere decir que no existan, aclararon Estefanell y Balaguer. En el país tampoco hay legislación en torno al ciberbullying, agregaron. Según explicó la experta, este tiene consecuencias mucho más drásticas que hace 20 años, cuando se conocía al hostigador y el joven al menos podía intentar cambiarse de colegio. “Hoy en día es vital prevenirlo porque una vez que se instaura, no hay forma de pararlo. ¿Cómo hace un chico para defenderse si ponen una foto de él desnudo en internet?”, ilustró la psicóloga.

Para que los educadores puedan reconocer este tipo de situaciones, la Unidad Reguladora y de Control de Datos Personales (Urcdp) de Agesic publicó en su web una guía online.

Como una brújula


Por todo esto, lo esencial es generar las herramientas para que ese hijo adolescente (o más chico, o más grande) sepa cómo manejarse en internet, explicó Estefanell. Hacerles entender que el anonimato aparente de las redes sociales no es garantía y que la privacidad tiene la misma importancia en la web que en la calle, continuó. Dejar en claro a los hijos que siempre podrán hablar del tema sin castigos, estar alerta y ayudarlos a configurar las opciones de privacidad de sus redes sociales para hacer un uso responsable de ellas, son las principales recomendaciones.

Porque, después de todo, ese control que se hace en la niñez debe llevar a un “monitoreo” en la adolescencia, para más tarde dar lugar a la confianza, explicó Balaguer. Y porque aún cuando el padre sienta que no tiene de qué preocuparse, debería hacerlo, porque su rol lo demanda. “El chico navega por internet, que es como alta mar, pero tiene que tener a sus padres de faro” dijo Estefanell, quien agregó: “Y ese faro no se puede apagar nunca”.

 


Pregunta en Ask.fm


Si bien Facebook sigue siendo el rey de las redes sociales, ya han aparecido otras que amenazan con destronarlo. Entre ellas se encuentra Ask.fm. Fundada en junio de 2010, esta plataforma tiene el propósito que su nombre indica, preguntar (ask, en inglés). Sí, es así de simple: consiste en hacer preguntas y responder otras. De hecho, es lo único que se puede hacer.

Pero hay algo más: las preguntas pueden hacerse de forma anónima, algo que ha dado lugar al tan denunciado ciberbullying o acoso por internet. Es que las preguntas son de cualquier tipo sin que medie filtro alguno y van desde: “¿Cuál es tu comida preferida?”, hasta: “¿Con quién perderías la virginidad?”. El usuario responde las preguntas y hay todo un foro que lo está mirando, explicó Estefanell, que señaló que entre las preguntas predomina lo erótico y sexual, e incluso temas de drogas. Por su parte, Balaguer recogió lo que comentan algunos usuarios: si estás ahí, tenés que atenerte a las consecuencias.

Se trata de una red plagada de adolescentes, que luego de crearse un perfil al estilo Twitter (con minibiografía incluida) y agregar una foto (en su mayoría selfies, es decir, sacadas por uno mismo), se dedican a preguntar, responder y volver a preguntar, algo que es de lo más adictivo para los adolescentes. Las respuestas se pueden escribir o grabar en video y es posible buscar amigos para “seguir”.

Para crearse una cuenta basta con completar unos pocos datos y tener una dirección de correo electrónico. Así, el usuario queda inmerso en el concierto de preguntas y comentarios que no pasan por otro filtro que el de su propio criterio.


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